We have a Dream, Página principal

Una noche en la que el pueril sueño de la inmensa mayoría de los españoles se convirtió en realidad, se hizo tangible. Por fin bordamos la estrella en nuestra pechera después de una cardíaca final. La Copa al cielo y la grada se abrazó entre incredulidad y lágrimas.
El fútbol hizo justicia y nosotros, dichosos inconscientes, estuvimos allí generando envidia más que sana en familiares y amigos. Vivimos el hito. Serigrafiamos la leyenda y nuestro corazón cabalgaba a velocidad de crucero. Aún hoy sigue haciéndolo, pues uno siempre se emociona cuando rememora aquel 11 de julio y todo el Mundial de Sudáfrica en el que el We Have a Dream Team cumplió su sueño y el de todos los españoles.
Las calles de Sudáfrica nos hospedaron en lechos de gozo y júbilo durante 34 días. Un inolvidable mes que, en ciertos momentos, prefería no recordar para, en teoría, no entristecerme. Pero... por qué la dicha más completa debería convertirme en un muñeco ausente y gruñón.
No me he psicoanalizado, pero los recuerdos más felices de mi vida, una vez superada la morriña, deben gestar orgullo y felicidad, no una cara de gorrino maltratado. Quizás, y digo quizás, eso me ocurría porque no me gusta emocionarme, sentirme vulnerable ante el oleaje de sensaciones que embriagaron nuestro recorrido por el sur de África.
El anhelo de volver a vivir aquellas aventuras junto a Alfredo castró por momentos mis ganas de mirar al frente, justo cuando más falta hacía. Pese a ello, no perdimos el norte. La exposición se convirtió en una realidad y con ello el sueño de transmitir los sentimientos que generaron las vitales experiencias que allí vivimos.
Con un padrino de postín, Don Vicente del Bosque, y la mejor representación institucional posible, mostramos en nuestra ciudad y ante el cariño de nuestra gente lo que hicimos y descubrimos sin tapujos, con el corazón por delante.
Una primera estadía de la muestra "We Have a Dream: La cara humana del Mundial" que insufló nuevos ánimos. Aires renovados para la dupla incesante, distintos a los que llenarán nuestros pulmones en Oviedo en el mes de septiembre. La capital asturiana también acogerá la muestra y puede que, más adelante, lo haga además Madrid.
Mientras tanto, un servidor cree que poniendo el punto y final a estas líneas habrá conseguido echar la persiana de la melancolía. Lo hará cerrando un círculo y dibujando otro de similar tamaño. Un nuevo sueño y la mejor caja fuerte para salvaguardar nuestra ilusión.
Lo conseguirá celebrando el día grande. La fiesta nacional que conmemora el gol de Iniesta, las paradas de Casillas, al doble de Bruce Lee y el placaje a Jimmy Jump. Un muro derrumbado que extasió a un país que encontró en el fútbol el pañuelo de todas sus penas.
Las estampas de aquel día, en las entrañas del Soccer City, me siguen poniendo la carne de gallina, y no me gusta, pero ayer me dejé llevar y disfrute de la final y de todos los reportajes posteriores. Por cierto, creo que nunca había visto tanto tiempo seguido ese infumable canal que abusa de la publicidad.
El primer visionado me mantuvo en vilo en el salón de mi casa. De nuevo, los ojos llorosos, contenidos en la celebración. Tremebunda la alegría por saber que ya ha transcurrido un año desde que nos hicimos con una estrella imperturbable, eterna.
Lo reconozco. Disfruté como un niño chico. Apasionado e inocente, pero capaz de que la resaca posterior a cualquier boda se convirtiese en un conglomerado de vibraciones positivas en medio de la soledad del salón. Empatía archivada con mimo, en álbumes chapados en oro que, al abrirse, desde hoy, no deben hacer otra cosa que arrancar la sonrisa más pícara.
No merece la pena vivir en el pasado. Sí recordarlo para que el camino se allane en medio del lodazal en el que se está convirtiendo el país que tanto amo y amamos. Las cosas pintan mal. Muy mal, pero los sueños siguen brotando en medio de la ciénaga. Y esos, no hay insecticida que los pueda matar.
Todo ello a partir de mañana. Hoy voy a celebrar en mi tierra y de viaje a una próxima en la que recibí la noticia de que iba a cumplir el sueño de ir a Sudáfrica (Galicia) que somos campeones del Mundo. No pude hacerlo en España hace un año y, de verás, también me hubiera gustado. Por ello, me voy a enfundar la casaca roja. La más nueva, la de la estrella. El 6 a la espalda. El mago de Fuentealbilla. Don Andrés Inieeeeeeeeeeeeeesstaaaaaaaaaa.
Lo dicho. Como un niño chico. Tan feliz como un niño chico... que se va de vacaciones.
Casi todo está listo. Las personalidades confirmadas, la exposición montada, el vino sudafricano puesto a enfriar y mi rostro afeitado. Parezco un "teen" agitado y asustado ante el examen más importante del curso.
El mismo chaval que hace un año grababa un vídeo loco y emotivo y se descomponía noche tras noche, vídeo de apoyo tras vídeo de apoyo para hacer realidad un sueño pueril y vocacional. Unos vídeos que repasados ahor acon Alfredo nos hacen ver esta tarde y todo lo que se nos avecina con más ilusión si cabe.
Es un día cualquiera. Un día entre amigos mecenas y en el que disfrutaremos de la compañia del castellano y leonés más célebre. El seleccionador nacional, Vicente del Bosque, estará con nosotros y tendremos el placer de enseñarle lo que allí hicimos. Me cuesta teclear solo de pensarlo.
La exposición va a ser inaugurada en el Centro de Recursos Turísticos de Valladolid. Además, estarán la consejera de Cultura, Turismo y Deporte del Ayuntamiento de Valladolid, María José Salgueiro, el alcalde de Valladolid, Francisco Javier León de la Riva, la concejala de Cultura y Turismo, Mercedes Cantalapiedra, y otras personalidades.
Otros patrocinadores, familiares y amigos estarán también presentes para darnos ese último empujó que suponga el inicio de una ruta por toda España. Sabemos que empinada y larga, pero, aunque no tengamos la figura de sílfide de los ciclistas, escalamos con entusiasmo las metas que se nos presenten. Ese es el camino. Sin aflojar, como nos recomendó Leo Harlem.

Bueno, a lo mejor he exagerado un poco. ¡Qué narices!, ha gripado mi cordura. Una vez más, y los dedos de mis manos ya no dan a basto para contar cuántas idas de olla acumulo. Espero lo entendáis.
Algo se mascaba, como el desenlace de la típica película de terror adolescente en el que los pechos de la protagonista lucen más que el cuchillo del malo-malísimo. Los antecedentes y el trabajo de seducción con los intermediarios, a los que tanto hemos de agradecer, habían desprendido su jugoso y lacrimal jugo.
El Marqués ha creído a bien atendernos, recibirnos en el lugar donde sus gestas de comandante comprensivo y cabal se han fraguado. Un honor que se merece un poema becqueriano, pero ni yo soy el rapsoda andaluz, ni el bigote de nuestro mariscal desata en mi ese tipo de sentimientos.
Sí es lícito despojarme de mi sombrero haciendo una reverencia añeja ante la corrección, la sencillez, la cordura y la mano izquierda del que lleva, desde hace mucho tiempo, el Don siempre delante de su nombre y apellido.
Un honorable salmantino elegido para una gloria que tan bien humaniza, asimila y hace partícipe a los demás y al que tendremos oportunidad de explicar nuestro trabajo y todo lo que nos traemos entre manos.
Será una cita especial y eterna con un final impredecible. Falta algo más de una semana para que se produzca y la carcoma interior, el nerviosismo sudoroso más desagradable, ya hace de las suyas. Ojalá no nos abandone el desodorante...

Se ganó, sí. 1-0 con un gol de Silva sobre la bocina y tras varios sustos ante un rival que se aplicó en la contención, que se batió el cobre y que plagó la zona del campo con aguerridos e hipermotivados luchadores. Justo el trozo de terreno de juego en el que el juego de España se alumbra. No obstante, parecía como si la estrella atenazase con comodidad. Impresiones que empiezan a repetirse como un agridulce déja vù desde el amistoso ante la Albiceleste.



El jurado del Premio Príncipe de Asturias de los Deportes ha otorgado hoy a la selección española dicho galardón. Puede que la penúltima cucharada de las mieles de los éxitos cosechados en Viena y Johannesburgo. Logros históricos que perduran a pesar de que, como dijese Sergio Ramos el otro día, el fútbol no tiene memoria. La hinchada argentina no se ha acordado esta noche de Maradona y del fiasco ante Alemania. El balompié no se detiene y, ahora, viene lo más complicado, seguir levitando en la grandeza futbolística con la misma gallardía que hasta la fecha.

Fredo sale primero. El nudo en el estómago es bestial, aunque peor hubiese sido de no haber efectuado el entrenamiento previo en Drakensberg y en Oribi Gorge. “Rock n roll, babe”. No sé si estoy yo para escuchar a Los Ramones o mover mi body al ritmo del Born in the USA del maestro Springsteen. Da igual. Otra vez me han engañado y las sujecciones ya están abrochadas. Estamos a 4.000 metros de altura y no hay escapatoria. Rock n roll por bemoles, aunque como rezaba la pegatina de aquella furgoneta, los sky divers saben por qué los pájaros cantan.

Sonaron los timbales africanos. La cálida Durban, en la que siempre es verano, acogió la reedición del duelo más importante y jugoso de la historia de la Roja. Los teutones infundían respeto, pero nosotros tocamos con estridencia y sin importarnos las magulladuras de nuestras manos los tambores previos a la batalla. Un día para recordar. Una velada con un final memorable. Otra estadía más: La final del Soccer City. Aleluyahhhh.

Apoteosis. La diestra de Iniesta nos enajena y hace que perdamos la compostura. Casillas eleva al cielo de Johannesburgo la Copa del Mundo y las gradas se derriten con la primera estrella. Risas, lágrimas y gargantas quebradas por la pasión rojo y gualda. La disputa con la hinchada de los Países Bajos, como la librada en el terreno de juego, fue encarnizada, pero hace un mes a estas horas, durante la grandiosa celebración que vosotros también viviríais, no nos acordábamos para nada de las ponzoñosas tácticas de la “Orange”. Los mejores del planeta enseñan su capote en el primer Mundial celebrado en África y el equipo We Have a Dream estuvo allí haciéndose partícipe de la historia, de un hito que nos hinchó de felicidad.

Los precipicios me imponen. Crean un nudo asfixiante en mi estómago y una sensación de futilidad que me obliga a alejarme de su borde. Me pasó en Drakensberg y en Table Mountain. Avanzo con pies de plomo y medio sentado. La cuerda oprime mi pecho. Al menos he entendido las instrucciones del monitor. Fredo ya ha probado la experiencia. VIVA ESPPAAAAAAAA....

Rastas hasta la cintura. La barba, similar a la que lucía su padre, cuyo aura bullía con pasión en Soweto. La celebración dejó paso al recital convertido en dogma. Lemas que latieron al son del reaggea. El amor es mi religión. África unida: liberación económica. Mandela luchó por nosotros. Lemas golpeados con música. Ziggy Marley lo consiguió.

Sergio Busquets y Carlos Marchena han comparecido hoy en rueda de prensa. Ha ocurrido en el cuartel general de la selección española en Potchfestroom, donde We Have a Dream, por fin, ha dejado su impronta. Autógrafos, fotos con Villa y una entrevista para Radio Marca. Vicente Ortega ejerce de maestro de ceremonias y Paco García Caridad se interesa por nuestras experiencias en el día en el que, curiosamente, más se habló de la herencia del fútbol holandés en el juego de la roja y un pulpo con dotes de adivino.

El corazón del muchacho se encoge. Un minuto de locura y las gafas con que se mira el pase a la siguiente ronda siguen puestas. Él y su amigo son sólo dos capos con hechuras entre una menguante multitud. Paraguay se atraviesa y los únicos españoles que estaban presenciando el partido en el Fan Fest de Sandton logran que el gentío aprenda sus canciones. La moda es el rojo y amarillo. La misma combinación de colores que el pasado sábado hizo historia al alcanzar las semifinales del Mundial por segunda vez en su historia. Deliciosooooo.

Nuestro relato continúa. Es tardío y estoy seguro que nuestro retraso estará mosqueando a más de uno. Lo sentimos queridos amigos, pero no nos está resultando tan fácil actualizar. Vivimos la experiencia a tope y, cuando los problemas logísticos aparecen, nuestra cadencia disminuye. No obstante, the show must go on e iniciamos el mes de julio, tras sobrepasar el ecuador de nuestra aventura sudafricana, con primeros planos de pingüinos y una visita guiada a una bodega en Stelenbosch de mano de un vallisoletano, José, con el que coincidimos en el Green Point Stadium.
Más artículos...
Página 1 de 2























